La noche fue igual de incómoda que el viaje previo que habían estado realizando. Magnus y Ruf comieron hasta hartarse a diferencia de Seren. Eini, por su parte, no se sentía lo bastante asustado o disgustado como para no aprovechar y degustar algo de la carne del jabalí que había traido Magnus, de modo que pudieron descansar con el estomago lleno en su mayoría. Cierto era, sin embargo, que la chica tenía cierta razón cuando decía que la noche la inquietaba. Ruf le había dicho con suma seguriad que se acostumbraría, pero aquello era diferente. Mientras el padre del joven berserker dormitaba roncando como un oso hambriento en periodo de celo, Magnus se mantenía simplemente en una duermevela que no le dejaba descansar en su totalidad. De vez en cuando alzaba la cabeza y miraba de un lado a otro, inspeccionando los alrededores cada vez que oía algún tipo de ruido que no lograba identificar. Curioso, dirigía la vista también hacia sus nuevos acompañantes. El esclavo parecía dormir bien, algo encogido y abrazándose a sí mismo debido al frío. Seren, por su parte, parecía compartir la misma inquietud que él y por un breve momento, ella le miró. Magnus apartó el contacto visual de inmediato y fingió volverse a dormir, pero mentiría si hubiese afirmado que se encontraba en plena tranquilidad. Aquella noche podía oler algo en el aire que le resultaba familiar, pero no sabía exactamente qué era en ese momento.
Al llegar el alba, los extraños movimientos del bosque parecieron cesar. Solo la brisa helada y húmeda se dejaba oler y escuchar meciendo la rama de los árboles de blancos troncos, casi camuflándose en la niebla. Ruf fue el primero en levantar campamento, pegando patadas a la tierra para terminar de cubrir la pequeña fogatilla que hicieron la noche anterior para la acampada -¡Venga, arriba!- vociferó con voz ronca -¡Se acabó el dormir, gandules!- Magnus obedeció de forma militar y disciplinada. No hizo el menor gesto que mostrara pereza, sueño o cansancio. Seren también pudo levantarse sin mayores problemas. La excepción era Eini. Ruf bufó como un toro enfurecido y se acercó al esclavo, se acuclilló a su lado y lo miró a la cara muy de cerca. El joven dormitaba plácidamente. Al sentir el aliento cálido y neblinoso del hombre cerca de su rostro, el durmiente sajón sonrió un ápice.
-Seren...- musitó mientras se acurrucaba más en sí mismo.
-¿Sí?- contestó Ruf fingiendo un tono dulce. Su voz, pese a todo, sonó alta. Lo bastante como para despertar a Eini. El muchacho abrió los ojos despacio, adormecido y pesado. En cuanto pudo enfocar el rostro arrugado y salvaje de Ruf tan cerca de su propio rostro, no pudo hacer otra cosa que lanzar un alarido de terror mientras se alejaba del hombre arrastrándose por el suelo.
-Por los dioses, señor Ruf...- rio de forma entrecortada y nerviosa -Me has asustado...-
-Oh, perdona. Te he asustado- asintió Ruf -No era mi intención...- gruñó acercándose a él y tomándolo de los cabellos. Lo levantó de un tirón, haciendo al chico dolerse -Espabila de una vez, mocoso. Ni se te ocurra retrasarnos ni un instante-
-Por favor- pidió Seren ante la actitud agresiva de Ruf -No es necesario hacerle daño. Solo está cansado-
-Yo también, niña, y aquí estoy- contestó el berserker de mala gana.
-Todos lo estamos- apuntó Magnus -Y no todos somos del mismo clan, padre- se posicionó Magnus -Si ese muchacho será parte de mi familia una vez la chica y yo nos casemos, agradecería que me lo dejaras intacto- Ruf miraba a su hijo acumulando paciencia. Se le notaba bastante que su paciencia se agotaba con bastante facilidad.
-Bien...- bufó finalmente, soltando los cabellos del sajón -Tú mismo, Magnus- se sacudió las manos como si hubiese estado tocando mierda -De todas formas, más os vale a vosotros no retrasaros. Yo tengo unos asuntos que atender y debo separarme de vosotros a partir de aquí-
-¿Asuntos?- Magnus frunció el ceño.
-Sí. Asuntos- asintió Ruf sin mirar a su hijo a los ojos -Me llevaré un caballo, por tanto. Tú adelántate con la chica y este mequetrefe hacia Grimrun- Magnus tardó unos segundos en reaccionar, pero terminó asintiendo. No fue complicado para Seren percibir que allí había una extraña sensación de tensión entre padre e hijo.
Tal y como Ruf anunció, se hizo. Desató a uno de los caballos del carro y lo montó con agilidad para disponer su marcha una vez se despidió de su hijo con un gesto con la mano. Magnus lo despidió de la misma manera y lo vio partir en pos de la niebla hasta que la figura del caballo se desvaneció entre la bruma como por arte de magia -¿S-señor Magnus?- el joven berserker se giró al oír la voz lastimera de Eini a sus espaldas -G-gracias... por...- Magnus gruñó y pasó por el lado del chico, ignorando su agradecimiento.
-Sube al carro- ordenó, sin más -Y tú también- agregó a Seren. Estaba de mal humor, por lo que parecía inteligente hacerle caso sin ponerle demasiadas trabas.
Los tres reanudaron el viaje a partir de ese punto, de nuevo, ascendiendo lentamente hacia la ladera de una montaña de cumbres nevadas. A falta de un caballo, el avance era notablemente más lento conforme pasaban las horas de viaje. El silencio incómodo tampoco ayudaba a que se hiciera todo más ameno. Aún quedaban días para llegar, de modo que les aguardaban varias paradas hasta alcanzar la meta, que era Grimrun. Los dos días siguientes, por tanto, fueron lentos, agónicos, fríos y prácticamente insoportables. Por igual lo fueron siendo las noches, en las que se seguían oyendo ruidos raros y se le sumaba el terrible mal humor del que hacía gala Magnus desde que su padre se fue. Tanto Seren como Eini podían sentir en su propia piel cómo se avecinaba un terremoto con cada nuevo día de viaje, con cada gesto cansado del caballo, con cada torpeza que cometía el animal en el camino debido al agotamiento. No hubiese extrañado a la joven y a su esclavo que en un arranque de ira, Magnus le hubiese cortado la cabeza al corcel. Sorprendentemente para ambos, no lo hizo. No aún. Solo les quedaba un día de camino y las cosas podían cambiar a una velocidad trepidante, por lo que no podían cantar victoria -Pararemos aquí hoy- anunció Magnus, deteniendo al caballo.
-Aún... queda luz- observó Seren, mirando al cielo entre copas altas de árboles gruesos. Atrás quedaron esos árboles blancos de hojas marrones y anaranjadas que ella solía ver en los bosques colindantes en su aldea. Ahora todo eran robles y demás arboledas gruesas e imponentes -Podriamos acortar aún más la distancia-
-Eres una mujer observadora- señaló Magnus -Sé que has estado oyendo cosas extrañas estas noches ¿Me equivoco?-
-¿Tú lo oyes?- pestañeó la chica.
-Lo oigo. Y no me gusta ni un pelo- se descolgó las hachas gemelas que llevaba en la cintura -Voy a por leña para la hoguera- dicho aquello, se adentró en la densa arboleda a través de arbustos blanquecinos por la nieve que solía caer ya por esa zona.
-Es aterrador- dijo Eini por fin con un cansado suspiro una vez se quedó solo con la chica.
-Sí- observaba ella, interesada -Todo esto es aterrador- pero no se refería a Magnus, precisamente.
Cuando el ocaso comenzaba a apresar a Midgard, la hoguera ya ardía con furia. Magnus había traido leña de sobra y, de nuevo, había dado caza a un ciervo de unas dimensiones considerables. El cómo había traido la leña y el ciervo a la vez era igual de llamativo que el modo en que cazó al jabato con aquella velocidad y sigilo. Ciertamente, los berserker eran una tribu de lo más intrigante. Pero para Seren, lo más llamativo, era que Magnus también prestara atención a aquellos ruidos nocturnos cuando nadie más creía oirlos o los ignoraban deliberadamente. Esa nueva noche, como las demás, la ausencia de Ruf hacía que Eini estuviera notablemente más relajado que cuando comenzó el viaje, pese al temor que le despertaba Magnus -¿Es común oír ruidos así de noche?- se atrevió a preguntar Seren con curiosidad, abrazando sus propias rodillas. Magnus estaba terminando de roer un hueso de una pata del ciervo. Antes de contestar, terminó la carne y arrojó el hueso al fuego. Las llamas chisporrotearon y diversas ascuas ascendieron al aire, entre la mirada conectada de hombre y mujer.
-¿Qué quieres decir?-
-Los ruidos. Los de estas noches atrás-
-Siempre hay ruidos de noche en el bosque, mujer-
-Pero no como estos ¿no?- aquella certeza hizo que Magnus entornara la mirada y la estudiara con detenimiento.
-¿Qué sabes tú de los ruidos de los bosques? ¿Acostumbras a pulular por ahí cuando cae el sol?-
-Mi señora es bastante cauta. Puedes estar tranquilo respecto a eso- intervino Eini animado.
-¿Te he preguntado a ti?- gruñó Magnus. Eini bajó la mirada velozmente.
-...No- contestó Seren -No salgo por ahí por las noches- decía mirando al cabizbajo Eini.
-¿Entonces qué sabes de ruidos?- preguntó retórico Magnus, dejando caer su espalda en el tronco de un roble, restando importancia a la pregunta de Seren.
-Vosotros sois berserker- continuó la chica. Magnus cerró los ojos con indiferencia -Sois guerreros, una casta aparte, casi una raza aparte. Se cuenta toda clase de historias sobre vosotros e imagino, por tanto, que vosotros sí acostumbrais a campar por los árboles a la luz de la luna- reflexionó. Magnus volvió a mirarla.
-¿Y qué?- preguntó Magnus. Eini empezaba a temer que Seren le molestara de más, de forma que la miraba con ojos brillantes y suplicantes para que no incidiera más en habladurías sobre su clan.
-Te vi... la otra noche. Igual que yo, estabas mirando hacia todas partes. Estabas inquieto ¿Por qué estarlo, si estás acostumbrado? Ruf, tu padre, no tuvo problemas para dormir, sin embargo...- Magnus no contestó y Seren, por igual, se calló de inmediato. Simplemente se mantuvieron la mirada durante un instante. Eini los miraba a ambos, confuso por el repentino silencio tenso que se mascaba en el aire.
-Pues yo no he oido...-
-Calla- ordenó Magnus.
-No digas nada, Eini- añadió Seren. El chico seguía pasando la mirada de un lado a otro sin comprender exactamente qué estaba pasando. De todas formas obedeció y se limitó a escuchar. El fuego crepitaba pero no oía nada más. El viento mecía las ramas de los árboles, pero nada se podía escuchar. -No entiendo qué ocurre... No se oye nada-
-Exacto- Magnus se puso en pie, alertado, hachas en mano -Sopla el viento y ni siquiera se oye el ruido de una sola hoja- Eini comprendió al instante la lógica que había tras la alarma de Magnus ¿Cómo era posible que soplara la brisa meciendo la hojarasca pero no emitieran sonido alguno, como si estuvieran sordos? El darse cuenta de ello lo acongojó de mala manera.
-Dioses... ¡Dioses!-
-Tranquilo, Eini- apremió la chica -Por favor, respira hondo y no te alarmes-
-Pero... pero...-
-Calla, chico- ordenó Magnus de nuevo, armas en ristre. Miraba a todas partes pero nada veía. Los rodeaba una inescrutable oscuridad que empezaba a mellar en la confianza del guerrero. Sentía que le estaban mirando desde todas partes -Allí...- miró hacia un punto concreto donde sentía una presencia acercarse en mitad de la oscuridad -¿Quién va?- preguntó gruñendo, pero nadie contestó. Eini se acercó a Seren para protegerse y a su vez protegerla -¿¡Quién va!?- rugió.
-N-no se ve nada... Esto es una pesadilla- Eini no pudo evitar agarrar del brazo a Seren. Temblaba. La chica dio un paso para ponerse frente al muchacho. Ella miraba con extraña y llamativa curiosidad hacia el mismo punto oscuro al que miraba Magnus. Sentía que debía mirar, que la estaba llamando. Que si se adentraba en la penumbra, daría con algo o alguien.
-¡Sal de ahí!- con bravura, Magnus lanzó una de las hachas que silbó cortando el viento. De la oscuridad, entonces, brotaron dos cuervos graznando furiosos y aleteando nerviosos. Arremetieron contra Magnus obligando a este a cubrirse el rostro con los brazos y luego sobrevolaron a Seren, mirándola ambos cuervos con suma atención. Finalmente, se posaron sobre las ramas de los robles que los rodeaban... y se acabó la tensión. De pronto, se dieron cuenta de que sí podían oír la brisa nocturna, las hojas agitadas y las crujientes ramas. Magnus gruñó enfadado, pues ahora había perdido un hacha.
-¿Qué es lo que ha pasado? ¿Nos... hemos sugestionado?- preguntó Eini, inocente.
-Podría ser...- quiso tranquilizarlo Seren, que sabía que no había sido una sugestión.
-Será mejor que nos calmemos y tratemos de descansar- gruñó Magnus sentándose de nuevo contra el tronco.
-Pero... ¿Y el hacha?- preguntó Eini -¿Deseas que... vaya a buscarla?- preguntó deseando que le dijera que no. Magnus se lo concedió, negando con la cabeza -De acuerdo- suspiró de alivio. Por fin, podrían gozar de nuevo de algo de tranquilidad. Aunque ninguno de ellos pudo pegar ojo por completo aquella noche.
A la mañana siguiente, antes de que Seren y Eini se pusieran en pie, Magnus fue a buscar el hacha. Deambuló largo rato entre la arboleda, tratando de discernir el punto en el que debía haber caido su arma. Le llamaba la atención, sin embargo, ese olor particular de nuevo, el de las noches anteriores. Y fue gracias al rastro de ese hedor que pudo olfatear, que encontró su hacha clavada en la nieve matutina, entre pasto y tierra húmeda. Al tomarla del suelo, acarició la hoja y se frotó los dedos. Entre el agua del hielo y el fango, había una sustancia carmesí que él conocía muy bien. Cauto, comenzó a mirar a todas partes con velocidad y atención, pues aquella noche no se equivocó al lanzar el hacha. Algo o alguien estaba en la oscuridad y le había herido, pues la hoja de su hacha estaba teñida de misteriosa sangre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario