miércoles, 6 de mayo de 2020

Magnus pasó una notable parte del día reunido con los ancianos del clan y sus respectivos hijos. Solían reunirse de forma oficial en la casa del jarl Uthor, a modo de juicio, para dar sus vistos buenos o negativas a según qué evento o circunstancia que pudiera suponer un antes y un después al futuro del clan. Ahora que la chica había llegado a Grimrun y habían podido echarle un vistazo a ella y al aura que la rodeaba, se formalizaron los permisos de los ancianos para establecer el enlace esa misma noche y, en la medida de lo posible, sembrar la semilla del futuro en su vientre -Esperamos grandes cosas de ti, Magnus. De entre todas ellas, esperamos hijos e hijas fuertes y salvajes como tu mismo espíritu- dijo Uthor, presidiendo la asamblea, sentado en un sillón decorado con distintas piezas de huesos de distintas razas, incluyendo la humana.
-Es mi honor cumplir con las expectactivas, mi jarl- asintió el joven, solemne.
-Parte con ella, pues. Todo será preparado en breve. Confiabamos en el juicio de Ruf y no ha sido para menos- Uthor miró a Ruf, que estaba presente en la asamblea. Este sonreía con autosuficiencia -Ruf, tú quedate. Tenemos que hablar de ciertos asuntos- Ruf asintió -Ve, Magnus. Nos vemos más tarde. Enhorabuena por tu enlace- concluyó con severidad el jarl mientras Magnus se marchaba de la casa del líder del clan, no sin tener nuevamente la mosca detrás de la oreja ¿Qué eran todos esos "asuntos" que había que tratar? ¿Y desde cuando hablaban con su padre a sus espaldas? Era algo inusitado que le hacía sospechar desde hacía tiempo que algo no marchaba bien.

Al volver a casa, Magnus se encontró con la ausencia de la chica. Allí solo estaba Eini, trasteando con los utensilios de la casa, limpiando y ordenando de forma distraida y con rostro animado -¿Dónde está la mujer?- preguntó Magnus con curiosidad.
-¡Ah!- se sorprendió Eini, que no esperaba la voz de Magnus de forma tan repentina -Ah, eh... Hola, señor. Seren se marchó hace un rato-
-¿A dónde?- Magnus no parecía enfadado, pero su tono de voz era tan duro que el chico casi se echaba a temblar.
-V-vinieron unas señoras... del clan... Decían que tenían que prepararle el vestido-
-Comprendo- asintió el berserker, que procedió a inspeccionar algo que le había llamado la atención desde que entró por la puerta: junto a la cama había un martillo, símbolo y arma de Thor, dios del trueno, en un ritual de fertilidad. Al otro lado, una liebre de tamaño considerable yacía sobre una un plato de madera que recogía su sangre. Magnus sabía que era un sacrificio a Frigga, por un matrimonio estable y fructífero. El berserker se quedó un tanto sosprendido al ver tanto símbolo de prosperidad rodeando su futuro lecho conyugal. No esperaba bajo ningún concepto que la chica estuviera tan entregada a la idea de un matrimonio con él y menos aún a la concesión tan decidida a engendrar descendencia.
-La liebre la ha cazado mi señora- comentó Eini, tímido -Con sus propias flechas. Es buena-
-¿Te he pedido opinión?- Magnus lo miró por encima del hombro.
-D-disculpa. Solo alababa a mi señora- bajó la cabeza el jovencito.
-Está bien- bufó Magnus -Es reconfortante que mi esposa vaya a contar con un esclavo que sepa realzar sus cualidades y la ayude. Pero mide tus palabras a partir de hoy-
-¿Señor...?- Eini no comprendía.
-Se lo dije a ella y ahora te lo digo a ti: no estás en Bjlna. En tu caso concreto, estás muy lejos de tus tierras y ahora ahondas en territorios oscuros que no sabréis manejar si no me hacéis caso. Bajo ningún concepto, jamás, ensalces las cualidades de lucha o caza de algún miembro del clan delante de otro y menos, de una mujer- advirtió con serenidad.
-¿Qué tiene de malo? Mi señora es tan buena como su padre. De hecho, ella tiene una aptitud bastante notable a la hora de apuntar y disparar- Eini se extrañaba ¿A qué venía esa discordancia entre géneros?
-No es malo, pero este clan es competitivo hasta la muerte. Literalmente. Y últimamente están sobrepasando límites. Si se te ocurre cometer la estupidez de brindar gloria a tu ama delante de los hombres de la aldea, se pelearán por superarla. Y si no lo lograran...- gruñó.
-¿Qué? ¿Qué pasaría?- preguntó consternado Eini.
-Dados los últimos meses... el más orgulloso podría optar por cazarla a ella y de esa forma demostrar su superioridad-
-¡Pero eso es de salvajes!- exclamó Eini, atrayendo la tensa mirada de Magnus -Q-quiero decir...-
-Sí, chico. Es de salvajes- afirmó sorprendentemente Magnus. Eini ya casi esperaba que le cortara la cabeza, pero no. Había algo en el berserker que demostraba una enorme inquietud e inseguridad a la hora de hablar de su clan -Así que guarda silencio, limitate a escuchar y protege a tu señora. Yo también lo haré-

 El día pasó más rápido de lo que hubiera parecido. La velocidad con la que las decorativos se fueron preparando, por igual, fue apabuyante. El sol ya se escondía en el horizonte con un fantasmagórico tono anaranjado, tiñendo el cielo del color del fuego, cuando encendieron una gran hoguera en el centro de la plaza central de Grimrun, dando por comenzada la ceremonia. Los habitantes se fueron reuniendo y sentando en diversas sillas y taburetes que habían diseminado en torno a unas mesas que habían ido sacando de sus casas para ofrecerlas como barra para la bebida y los alimentos. Magnus, acompañado por Ruf, salió de su casa ataviado con unos pantalones de tela oscuros, amplios, que provocaba que a cada paso que daban las telas danzaran ligeramente en torno a sus piernas. Nada cubría su tronco salvo una imponente piel de lobo negro. La piel estaba herida, llena de cortes cosidos a posteriori tras la muerte del animal. El conjunto dotaba a Magnus de un aspecto espeluznante y aterrador, salvaje y animal. Este se sentó junto a su padre en una mesa que estaba frente por frente a la hoguera principal. Allí, esperaron la llegada de la mujer, que no tardó en hacer acto de presencia. Acompañada de un par de mujeres del clan, Seren apareció ataviada con unas vestimentas sencillas a la par que destacables. Debido a que no la conocían con anterioridad ni conocían exactamente su tipo de cuerpo no supieron confeccionarle un traje que pudiera estarle perfecto para el enlace, de modo que decidieron improvisar uno con un sencillo uso de retales de telajes blancos que se cruzaban en torno a su pecho y cintura creando una ilusión de vestimenta, con los brazos desnudos. Aquello provocaba que el frío calara hasta los huesos de la joven, pero era intencionado debido a los ritos de matrimonio berserker, aunque ella no lo supiera. De cintura para abajo, empezando desde el vientre, sí lucía una faldón de piel de lobo hasta las rodillas, simbolizando el calor y la protección maternal en las zonas más especiales del cuerpo de una mujer joven y sana a punto de casarse. Sobre su cabeza, sí lucía la característica corona de flores que terminaban por apuntillar en ella un aspecto inocente, puro y hasta espiritual. Magnus se puso en pie para recibirla y Seren pudo comprender la diferencia: ella toda de blanco, él todo de negro, la combinación perfecta para complementarse el uno al otro -Estás preciosa- dijo Magnus con una levísima sonrisa. Seren se sorprendió ante el comentario, sin duda, pero lo recibió de buena gana.
-Venid pues, hijos del hielo y la llama- anunció una voz frente a la hoguera -Acercaos a mí, vosotros que vuestras almas anhelais unir- ambos miraron a la figura y se dirigieron hacia ella, a paso firme y decidido, mientras otros miembros del clan les acercaban hasta ese lugar los diversos objetos que se debían entregar mutuamente y los anillos tallados con runas. Entre los objetos, les aguardaba la chamana del clan. Se trataba de una mujer joven que perfectamente podría haber contraido matrimonio con Magnus en su lugar ¿Cuál sería la razón para no hacerlo? Las dos debían tener la misma edad -Helos aquí, Sköll y Hati- señaló a Magnus y a Seren -Tomad vuestras ofrendas- ordenó la mujer.

[The Frozen Call - Ancient Nordic Chant]

Ambos contrayentes cogieron sus respectivas ofrendas. Magnus empuñó el hacha antigua, reliquia de la familia, engarzando el anillo en una de las pintas de sus filos. Luego, miró a los ojos a Seren, con su rostro bañado por la luz de las llamas, que a su vez empuñaba con esfuerzo un gran espadón que le costaba sostener. Aquello provocó una sonrisa en Magnus, pues le pareció adorable a la par que valiente y decidida. El anillo de Seren destacaba en la punta de la espada -Alzad vuestras hojas- Magnus fue a alzar el hacha, pero fue evidente que Seren combatía contra su propia fuerza para poder alzar el espadón de esa manera, que era tan pesado que requería una fuerza destacable. Magnus, haciendo gala de un comportamiento no muy característico entre los hombres berserker, la ayudó agarrando el filo de la hoja para que pudiera sostenerla con mayor facilidad.
-Te vas a cortar- masculló Seren.
-Ella debe empuñar la ofrenda, Magnus- regañó la chamana.
-En matrimonio, ambos somos la fuerza del otro- replicó Magnus -No la dejaré cargar con el peso a ella sola y ella no me dejará cargar el peso a mí solo- la chamana lo miró largamente en silencio, con los ojos entornados.
-Sea- dijo finalmente, observando como así, si pudieron cruzar las hojas de las armas -Frente al fuego y sobre la nieve, entre el cielo y la tierra y la atenta mirada de todos los dioses que hoy aquí nos acompañan, se unen estas almas con el beneplácito de todos los presentes- recitó la joven chamana -Que os acompañen todos los que os deben acompañar, que os guíen aquellos que de corazón os desean guiar. Que no sea esta unión motivo de ira de los dioses, ni ofensa para cualquier hombre o mujer libre- ambos descruzaron las hojas de las armas.
-Te entrego esta reliquia familiar, este hacha, que era de mi padre, para mi hijo- Magnus depositó suavemente el mango del hacha en una de las manos de Seren -Entrégasela cuando crezca, para que pueda cuidarse y protegerse, cuando yo ya no esté- afirmó con voz calmada y sosegada.
-Yo te entrego esta espada nueva, de hoja brillante para un mañana de igual resplandor. Que sea la fuerza que la empuña la misma que nos lleve a un futuro próspero y marque un nuevo comienzo para una nueva familia- Seren entregó con la misma ceremonia la espada a Magnus, que la sostuvo con gallardía y fuerza.
-Os habéis entregado las reliquias y los anillos. Poneoslos- ambos obedecieron, engarzando sendos anillos en sus respectivos dedos. Seren se lo miró durante un breve instante, distraida y abstraida. Al menos para ella fue un instante.
-¿Todo bien?- la voz de Magnus la sacó de su ensimismamiento. La chica alzó la mirada con nerviosismo.
-S-sí- sonrió.
-Debemos continuar- dijo el hombre quedamente -Nos están esperando-
-¿Q-qué...?- la chica miró a su alredador. Oía voces lejanas pero no provenían de los asistentes a la ceremonia.
-¿De verdad estás bien?- insistió el hombre.
-S-sí- sacudió ella la cabeza -Todo bien. Es la emoción de todo esto- mintió.
-Vamos, pues- le ofreció la mano -No debemos interrumpir el ritual. Aún no hemos terminado y están desesperados- ¿Pero cuánto tiempo se había abstraido mirando el anillo? Para ella solo había sido un segundo...

Magnus acompañó a Seren con unos cuantos pasos hasta alejarse de la llama y la chamana. Ambos dejaron descansar las armas sobre la nieve, para luego Magnus arrodillarse repentinamente sobre su mujer -¿Qué... haces?-
-Desnuda a la bestia- ordenó la chamana con entusiasmo en la voz.
-Quítame la piel de lobo- masculló Magnus.
-¡Libera a la bestia!- vociferó Ruf en vítores a los que se unieron los demás.
-Descubre al hombre bajo la piel del monstruo- insistió la chamana. Seren asintió y echó mano a la capa de lobo negro que llevaba Magnus encima. Al hacerlo, de nuevo oyó aquellos susurros.
-¿Qué?- se preguntó.
-¿Qué ocurre?- quiso saber Magnus.
-Ah, no... no es nada...- lentamente, la mujer comenzó a retirar la piel de lobo negro de Magnus, dejándole completamente desnudo de cintura para arriba. Al hacerlo, los invitados se pusieron en pie y se separaron en dos grupos. Todas las mujeres se pusieron tras Seren y los hombres tras Magnus. La chamana se adelantó hacia el gentío llevando consigo un cuenco lleno de sangre fresca que había extraido de la matanza para la comida de la ceremonia. El cuento quedó depositado entre marido y mujer. Las mujeres mojaban los dedos en la sangre y los hombres, las manos al completo. Todas las mujeres comenzaron a usar sus dedos mojados para dibujar runas y símbolos en los brazos desnudos de Seren, así como pinturas de guerra en su rostro. Los hombres depositaban sus manos ensangrentadas en la espalda, hombros y brazos de Magnus, en un símbolo de apoyo y respaldo. Todo parecía un poco caótico a ojos de Seren, que no dejaba de oír susurros entre las voces de los asistentes. Entre el gentío y el ruído, no escapó a sus ojos la visión de dos cuervos volando sobre su cabeza en círculos. Juraría que los oyó graznar más fuerte que a los propios asistentes que los pintaban con sangre ¿Pero era real...?

[Norse Viking Music - Ulfhednar]

Una vez pintados y bendecidos por la familia que conformaba el clan, las mujeres cubrieron del frío de la noche a Seren con la piel de lobo negro que había quitado a Magnus. Él estaba impregnado de huellas de manos sangrientas mientras que ahora era ella la que parecía un ser poderoso y místico entre runas de sangre y la piel lobuna -¡Perseguid la luna y el sol juntos como Sköll y Hati! ¡Sed los lobos que persiguen su destino hasta el fin de los días! ¡Ragnarok!- vociferó la chamana.
-¡RAGNAROK!- vociferaron todos los presentes. La ceremonia de enlace finalizó y la fiesta estalló. Magnus y Seren se acercaron a los asientos que debían ocupar, en primera linea para el espectáculo. Mientras la carne se asaba y corría la cerveza y el hidromiel, la chamana se estaba desnudando frente al fuego hasta quedar completamente desprovista del menor mínimo paño que la cubriera. Luego, del cuenco de sangre que había ofrecido, se bañó entera arrojándoselo por encima. Su figura y contornos quedaron delineados por una miriada de hilos carmesíes que se conducían hasta la nieve en un espectáculo grotesco. Ella entonces se arrodilló ante Magnus y Seren. La chica no daba crédito a lo que veía, pero las voces tampoco la dejaban concentrarse del todo como para comprenderlo. Magnus, al ver que Seren agitaba la cabeza como si estuviera molesta con algo, procedió a no retrasar más la orden. Alzó la mano con señorío y media decena de hombres que carecían de esposa corrieron a colocarse en torno a la chamana desnuda y arrodillada.
-Que comience el festín. Alimentaos de ella, alimentaos con ella- ordenó. La chamana estalló en carcajadas de éxtasis mientras los hombres se lanzaban como una jauría de lobos hambrientos hacia ella. La tocaban, la apretaban, la acariciaban y abrazaban mientras lamían y mordían la sangre de cada parte del cuerpo de la chamana, desde la más pudenda a la menos llamativa. No dejaron dedos, nariz, labios, pechos, piernas, caderas o nalgas por lamer y morder. Prácticamente la limpiaron entera de sangre entre todos. Cuando acabaron, comenzaron a saltar y a gritar enfervorecidos, prácticamente enloquecidos por el fervor del ritual y el sabor de la sangre. Dos de ellos directamente comenzaron a pelearse entre sí. Se arrojaron al suelo en un molinete de puños, patadas y mordiscos. Seren salió de su ensimismamiento una vez más cuando estalló la rellerta. La chamana se retiró ignorando por completo la pelea que acababa de comenzar. De hecho, pudo fijarse en que nadie parecía hacer nada para detenerlos, ni siquiera Magnus -¿Qué? ¿Ya has despertado?- comentó el hombre con sorna.
-¿Qué está... pasando?- quiso saber la chica.
-Luchan contra sus espíritus. Sus demonios- declaró Magnus mientras daba un mordisco a un pedazo de carne.
-Pero se van a matar si siguen así- comentó Seren preocupada. Acostumbraba a ver peleas, pero no con ese frenetismo y agresividad ¿Eran así los berserker?
-¿Recuerdas lo que te dije sobre los ojos?- preguntó calmado. Ella asintió y él le hizo un gesto con la cabeza para que los mirara. A pesar de ser de noche y de estar algo alejados, había un destello rojizo en los ojos de aquellos hombres, como un rubí que reflejaba un destello del sol. No era constante. Le recordaba a los ojos de algunos animales de noche a la luz de una antorcha -Cualquiera que quiera detenerlos se acabará uniendo a la pelea y tampoco podrá parar. Hoy uno de esos dos hombres morirá-
-¿Por qué?-
-Por el matrimonio-
-¿Por... nuestra culpa?-
-En nuestro honor. Y por el futuro- comentó Magnus no sin cierto descontento por lo que estaba declarando.
-Es... horrible- masculló la chica sin querer ofender a su ahora marido.
-Lo es- afirmó él sin miramientos -Más que horrible, es un sinsentido- empujó un plato con comida hacia la chica -Y ahora come. Olvídate de ellos. Acabarán pronto y todo volverá a la normalidad- y fue como dijo. Uno de los dos murió a base de golpes y nadie le dio la menor importancia. Bañaron al ganador de vítores y gloria, prácticamente lo bañaron en cerveza. El que murió fue arrastrado lejos de la ceremonia. A partir de ahí, todo eran carcajadas, cánticos, alcohol y golpes en la mesa. Todo había parecido un mal sueño que por fin había terminado. Por extraño que pareciese y por monstruoso que resultase, Seren se dio cuenta de que se acabó acostumbrando a esa normalidad que apareció tras la muerte de aquel individuo, dado que nadie lo echaba en falta e ignoraban la pelea que se había sucedido. Se tenía que acostumbrar a su nuevo estilo de vida y sus nuevas costumbres.

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